Cielo azul, 25º, todos los parques llenos de flores y gente tomando sus pivas (cervezas), buen humor. Así dejo Moscú.
Echaré de menos los cafés en el Coffee Bean, los batidos y el camarero del Liudi kak Liudi (en Kitai Gorod), disfrutar de las riquísimas tartas en cualquier cafetería, una comida rápida en Mu-Mu, un paseo por Chistie Prudi en invierno, un chocolate en el Café Pushkin, un helado en la Academia de las Ciencias, los blinis del Zhao Da, la Casa del Libro en el Nuevo Arbat, el mojito sin alcohol de Apshu, las claras del Bilingua, el restaurante del Museo de Arte Contemporáneo, el parque de Tsaritsino en otoño, el VNHX en primavera, los 200 días de fuegos artificiales…y la gente (mi gente), lo más.
Vuelvo a Coruña contenta pero deseando volver a Moscú, a pesar de todas las cosas negativas que haya podido escribir









